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Dejavu (Fanfic)

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Dejavu (Fanfic)

Mensaje por Irina Klaus el Lun Oct 01, 2012 3:55 pm

A través de la red flu había llegado rápido a la mansión, tenía la dirección anotada claramente para pronunciarla correctamente, y sacudiéndose un poco las cenizas miro aquel gran castillo, el gran techo que se elevaba casi hasta perderse a la vista, sus pasos resonaron con eco, estaba todo en silencio no había nadie y le alegro eso, tener que tratar con empleados o elfos sería demasiado para ella. Camino con aquella bolsa mágica en sus manos, desde que había aprendido a conjurarlas las tenia de todos los tamaños, ya que si bien entraba de todo prefería usar unas más grandes cuando se trataban de cosas sumamente difíciles de guardar.
Tenía un pequeño mapa hecho a mano en un pergamino, y vio que tenía que subir a las escaleras, parecían eternas, inacabables hechas para subir al cielo, los escalones de mármol cubiertos por una alfombra tan roja como la sangre, pensó que si quizás si se pinchaba un dedo y dejaba caer una gota no se notaria, parecía como si fuese un rio de sangre que bajaba desde los pisos superiores y dio un paso pisando con sumo cuidado por las dudas ya que no sabía nadar. Subió dando un paso a la vez, contando mentalmente los escalones, otra de sus manías, y a medida que subía su mano pasaba sobre el barandal de mármol. Era frio al tacto suave como recién pulido, tenía un pequeño brillo que reflejaba una línea de luz del sol que se colaba por un gran ventanal antiguo, tenia este una imagen, de una doncella recogiendo rosas rojas, era muy bello y se quedo un momento perdida en aquella imagen, como si estuviera junto a ella, podía percibir perfectamente el aroma de las flores y el sonido del jardín, luego la luz dio en sus ojos, y la despertó de aquel sueño, estaba parada a mitad de la escalera. Faltaba bastante pero siguió tenía mucho que hacer y volvió a subir de a un escalón por vez, contándolo recordando por cual iba hasta llegar al primer piso, habían 100 escalones, los había contado y mirando hacia atrás suspiro, estaba algo cansada, sin duda debería hacer más ejercicio o usar magia pero no haría ejercicio y subiría a pie esos escalones siempre, las soluciones fáciles no eran lo suyo, después se pregunto qué diría su prima si la viera y rio un momento. Ella estaría corriendo de arriba hacia abajo por la escalera saltando de dos en dos, ella siempre había sido mas atlética, mas diestra en las cosas deportivas, pero si algún día le diría que estaba ahí, que ese era su nuevo hogar al menos por ahora, en este momento donde podía sentirse tan ¿feliz? Si podía decirlo que ahora, en este instante era feliz, estaba segura de lo que hacía y además estaba con alguien que la cuidaba y se preocupaba por ella.
Bajo la cabeza y miro el mapa mientras caminaba, había una sola puerta que daba a un cuarto el único de aquel gran piso. La puerta cedió al toque de su mano abriéndose con un sonoro rechinido, como de casa de terror y esas cosas, estaba todo a oscuras, no podría haber adivinado nada de lo que allí se encontraba así que sacando su varita encendió una luz –[color=goldenrod] Lumos [/spoiler] – una luz aluzada brillo en la punta de su varita y la apunto hacia adentro pero al oscuridad era mayor así que avanzo despacio, había una alfombra aquí también, cubría todo el piso y se sentía mullida. La puerta se cerró tras ella y se asusto, girándose vio la puerta y se volvió lentamente y a su lado vio a alguien que la cegaba con una luz, retrocedió apuntándole con la varita pero no podía ver nada y bajo la varia viendo que en realidad no había nadie, frente a ella había un espejo, grande que cubría la pared y se vio a su misma tenía una mancha de tizne en la nariz que limpio con su manga y volvió a dirigirse adentro de la habitación.
Había un gran espacio con ventanales cubiertos de pesadas cortinas que no permitían que ninguna luz se colara como si aquella fuera la morada de un vampiro, con ayuda de su varita corrió las cortinas y la débil luz de la tarde se coló dentro, dando un tono cálido a la habitación decorada como si fuese un cuarto de hotel francés o de esos palacetes italianos del renacimiento, con un estilo barroco. El papel de la pared tenía pequeños dibujos, como cruces plateadas que luchaban contra la oscuridad de los arabescos sobre las que estaban diseñadas. En la pared este había una gran puerta doble que conducía a otro cuarto, más pequeño, decorado con un tono muy femenino, empapelado rosa con detalles de rosas pequeñas, algo extraño como el cuarto de una niña o una amante. Cerró las puertas y se giro en la pared oeste había una credensa color marfil, que arriba tenía un delicado mantelillo tejido y un jarrón de cristal que tenía solo una rosas secas que parecían esperar a alguien. En la pared sur estaba la puerta de entrada y al lado había una puerta más que abrió descubriendo un cambiador y el armario para la ropa, era casi como otro cuarto, había prendas ahí todas metidas en fundas para que no se arruinaran con el polvillo. Allí fue su primera parada, abrió su bolsa y de ella saco un fardo de ropa, era toda la que tenia, no era rica y no tenía grandes vestidos, solo algunas prendas que había heredado de su prima y los uniformes del colegio. Los dejo en un estante, era más que suficiente para ella también sus zapatos y salió dejando la bolsa en el armario. Se quedo viendo finalmente el centro del cuarto, había una gran cama con dosel de estilo victoriano, tenia cortinas de terciopelo rojo y había un acolchado relleno de plumas y se sentó encima. Después se sentó en el suelo al lado de la cama con su diario en las manos, la luz moría lentamente, el sol se ponía en el horizonte y haciendo brillar de nuevo su varita comenzó a escribir a sus padres sobre aquel lugar, estaba temblando, ahora tenía miedo de perder a esa persona, tenía mucho miedo y quizás las cosas se acabaran antes de que al menos hubiera podido vivir aquello; todo era muy grande y ella demasiado pequeña.
La noche llego implacable el cuarto cayó en penumbras una vez mas y la lluvia comenzó a golpear los cristales de los ventanales, se había quedado dormida la varita a sus pies apagada, el libro aun sobre sus piernas y la cabeza apoyada contra la cama, no se había dado cuenta de aquello y se sobre salto al ver solo oscuridad y vacio. Busco a tientas la varita con el corazón golpeándole en el pecho hasta que finalmente la encontró y pudo volver a respirar, encendió de nuevo la luz, estaba sola, afuera solo el sonido de la lluvia, no había nadie mas y no podría calcular bien qué hora era.
Había estado esperándolo pero al parecer ese día no llegaría a la casa, sentía frio y se puso de pie notando entumecidas las piernas, adoloridas por haber estado flexionadas por ello se sentó un momento en la cama pasando sus manos sobre ellas.
Miro la cama imaginándolo dormido, como seria estar en sus brazos arropada de aquella manera especial en la que solo dos amantes estaban, paso la mano sintiendo una punzada en su corazón, no sabía porque un nudo se formo en su garganta y le costó trabajo poder volver a estar en calma. Finalmente se puso de pie con la varita en la mano y se acerco a las paredes donde habían candelabros y con un movimiento de su varita los encendió y el cuarto se ilumino. Finalmente apago la varita y comenzó a caminar pasando su mano sobre el empapelado hasta llegar al cuarto rosa, era un lugar extraño, entrar en él era aterrador como si aun permaneciera algún espíritu de alguien atormentado por la vanidad, sentado al tocador frente al gran espejo. Cerró las puertas rápidamente y volviendo a la cama se recostó un momento abrazando su diario, quería imaginarse allí con él y rio pensando en sus brazos alrededor de su cuerpo, pero después de un momento volvió a quedarse dormida.
Aquella noche parecía eterna, cuando volvió a abrir los ojos ya no podía escuchar la lluvia, se había detenido, aun estaba sola en la cama y dejando el diario bajo la almohada se acerco a las ventanas que reflejaban la luz de las velas lo que impedía ver hacia afuera, pero tampoco había nada que ver, estaba todo oscuro y suspirando retrocedió. Pensó que era el momento justo para ordenar su ropa y volvió al armario, donde comenzó a ubicar su ropa dividiéndola en la de casa y la del colegio, después la dividió por colores, por texturas, por el gusto, por las que usaba más hasta que al final solo dejo un gran bollo de ropa en el estante del armario.
Ya debería ser tarde, sin duda pero ahora no tenia sueño, había algo que presionaba su corazón y saliendo del armario volvió a recorrer la habitación, miraba los cuadros, eran frescos renacentistas de paisajes solitarios, no había fotos ni retratos, nadie podría decir quién era el dueño de aquel cuarto, no había perfumes ni cosas particulares que lo identificaran, había una leve capa de polvo sobre los muebles como si llevara un buen tiempo abandonado.
Camino hacia la puerta, ahí estaba aquel espejo, se volvió a mirar, aun tenía el uniforme del colegio, la falda estaba desalineada y la camisa de por fuera, una media subida y la otra arrugada sobre su tobillo, en su rostro estaba la marca de su anillo, había dormido sobre su mano. Suspiro y comenzó a acomodarse la ropa, quería estar presentable para cuando llegara, paso su mano sobre la mejilla para quitar la marca y se peino con los dedos el cabello. Tomo las majillas de la puerta respirando profundamente, recordaba las escaleras y el vitral, sabía que había mucho por recorrer pero algo la detuvo, no tenía el valor de salir de aquel lugar, así que desistiendo volvió sobre sus pasos volviendo a sentarse en la cama, seguro que el sol saldría dentro de poco y el llegaría.


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Invitado....Llámame – Llámame con la voz del amor,
Sostenme – Sostenme en los brazos de la fe.
Llévame – Llévame a las puertas de la ternura,
Siénteme – Siénteme como yo te siento.
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